El término autismo proviene del griego “autos” y significa “si mismo”, y fue introducido por Bleuler para expresar el aislamiento o ensimismamiento de algunos pacientes esquizofrénicos y que consiste en una conducta intencional de evitar relaciones sociales. El psiquiatra Austriaco Leo Kanner describió a mediados del siglo XX el trastorno autista, pero con una connotación muy diferente a la planteada por Bleuler tres décadas antes, como un trastorno en el que los niños no tienen intención alguna (de comunicarse, expresarse).
Estudiante de 4º semestre de Psicología, Universidad de Antioquia.
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Kanner definió este síndrome como un trastorno infantil, luego de realizar una investigación con niños que mostraban un extraño aislamiento, en los cuales se manifiesta “una alteración del lenguaje, de las relaciones sociales y los procesos cognitivos en las primeras etapas de la vida” (Belloch, Ramos, y otros, 1995). Es un trastorno comportamental que afecta básicamente las relaciones socioafectivas, haciendo que estos niños estén siempre distantes y encerrados en su propio mundo. En esta descripción Kanner diferenció las conductas infantiles de los criterios adultos, pues antes el diagnóstico de los niños autistas se basaba en criterios de adultos y, por lo general, se les describía como esquizofrénicos infantiles o con demencia
infantil.
A diferencia de Kanner, otros autores como Rutter han propuesto que el aspecto principal del autismo no es la afectación de las relaciones sociales, sino una alteración del desarrollo del lenguaje y cognitivo; Tinbergen enfatiza en la ausencia de contacto ocular y Lovaas en los déficit intelectuales en estos niños, entre otros (Rutter, 1978, Tinbbergen, 1972, Lovaas, 1965, citados por Belloch, 1995).