Las dietas libres de gluten y caseína y su validez en la intervención en el autismo
Enviado por Daniel Comin on 14 julio, 2011.
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Existe una creencia muy difundida en las familias de personas con autismo que si se elimina el gluten y la caseína de la dieta, el niño va a mejorar globalmente. Muchas familias que han llevado a cabo estas dietas han informado de grandes mejorías, aunque otras muchas familias han dicho justo lo contrario, es decir, que el comportamiento o no ha cambiado en absoluto o incluso ha empeorado.
Existe mucha información en internet, generalmente páginas personales o de empresas, hablando sobre lo maravilloso de estas dietas. Pero que digan lo contrario hay muy poca información. Por ello hemos realizado una revisión en profundidad sobre información científica para averiguar que dicen los estudios científicos al respecto.
Pero antes de entrar en profundidad en el asunto queremos traer a colación un problema que suele estar asociado a las personas con un diagnóstico de Autismo. Y es un problema relacionado con las conductas propias del autismo, tales como inflexibilidad, estereotipias, problemas sensoriales, …, que ciertamente afectan entre otros no sólo a la alimentación, también afectan a la hora de ir al baño.
Muchos niños y niñas con TEA son extremadamente problemáticos a la hora de comer y de ir al baño. El hecho de ser muy restrictivos con la alimentación convierte la hora de la comida en una lucha sin cuartel para que el niño coma. A veces no querrá un alimento por su textura, olor, color, temperatura, o cualquier otra cuestión. En otros casos, alimentos que sí comían, un día deciden que ya no los quieren. Y si no hay comunicación verbal, este hecho restrictivo se convierte en un gran problema. A su vez, muchos niños son problemáticos a la hora de ir al baño, y acaban presentando cuadros de estreñimiento. Otro de los problemas con los que podemos encontrarnos, es un mal nivel de masticación, ya sea por una hipotonía, o una conducta excesivamente laxa, y una mala masticación genera una mala digestión. Y evidentemente, estos cuadros pueden combinarse. Es decir, que es más común de lo que pueda parecer encontrar a niños y niñas que debido a este tipo de conductas presentan una alimentación poco variada o inadecuada y por tanto poco saludable.
En el otro lado, podemos encontrar niños que no presentan problemas a la hora de comer, pero que su alimentación no es adecuada. Solo hay que ver los elevados niveles de obesidad infantil. Y estos niveles están relacionados con una mala alimentación, tengan o no tengan autismo. La obesidad infantil (Y la de adultos) es hoy en día un grave problema de salud pública. Y solo tiene una causa, malos hábitos alimenticios y poco ejercicio físico. Somos lo que comemos, y si comemos mal el resultado es obvio.
¿Y qué dicen los investigadores al respecto?
Hemos escogido un estudio de revisión que se presentó el año pasado en la revista Pediatrics, “Evaluation, Diagnosis, and Treatment of Gastrointestinal Disorders in Individuals With ASDs: A Consensus Report” que realizó una revisión sobre una gran cantidad de trabajos previos y sobre el que ya escribimos el año pasado. Igualmente hemos consultado otros estudios relacionados y que no fueron incluidos en esta revisión, pero que acaban diciendo exactamente lo mismo. También hemos incluido el estudio empírico de la Universidad de Rochester dirigido por la Doctora Susan L. Hyman -Profesora asociada de Pediatría en el Hospital de Niños Golisano de la Universidad de Rochester Medical Center (URMC)-, ya que aporta datos específicos sobre el uso de la dieta en un grupo de niños.
Estudio realizado por la URMC
Quizás uno de los estudios más escrupulosos que hemos podido localizar, ya que han controlado aspectos que no habían sido usados en estudios anteriores. Uno de los primeros puntos fue que los niños que participaron en el estudio, tuviesen una dieta equilibrada y sana a pesar de la retirada de ciertos alimentos de su dieta. Tales como vitamina D, calcio, hierro y proteínas de alta calidad.
Se controlaron y parametrizaron los tratamientos conductuales que recibieron y recibían los niños. De forma que los cambios que se produjesen con el cambio de dieta fueran detectables y medibles.
Las conclusiones fueron que no hubo cambios significativos en la conducta, salvo en el caso de algún niño participante en el estudio que presentaba un cuadro serio de trastornos gastrointestinales.
El estudio se basó en 22 niños, con edades comprendidas entre los 2,5 años hasta las 5,5 años de edad. El estudio tenía una duración prevista de 18 semanas y fue concluido por un total de dieciocho niños de los veintidós iniciales.
Tras cuatro semanas de dieta estricta a los niños se les daba un pequeño refrigerio. Este refrigerio podía contener gluten (hasta 20 gramos de harina), leche (hasta 23 gramos de leche), o un placebo. Para darles gluten y lácteos (o un placebo), estos alimentos fueron “disfrazados” en comidas que los niños aceptaban de buen grado.
No hubo cambios significativos, tan solo en algunos casos, algunos niños tras la ingesta de gluten y caseína mejoraron su conducta social, aunque dado lo bajo del resultado no se consideró a nivel estadístico. Aunque ciertamente fue un resultado totalmente contrario al esperado, es decir, reaccionaron positivamente a la inclusión de gluten y caseína en la dieta.
Aunque este estudio se basa sobre muy pocos niños y quizá no pueda tener un gran valor estadístico, si ha diseñado una metodología destinada a ser replicada.
Sin embargo, en la presentación que este mismo equipo levó a cabo en el IMFAR del pasado mes de mayo, y relacionado con las dietas, nos aportaron datos algo más preocupantes:
Aproximadamente un tercio de los niños con diagnóstico de TEA en los EE.UU. toma algún tipo de suplementos (Aproximadamente el doble que la población infantil general)
Muchos de los suplementos que se les da a estos niños presentan carencias alimenticias, y no se sabe a ciencia cierta que efecto pueden presentar a largo plazo el consumo combinado de este tipo de suplementos.
Suplementos como el ácido fólico, la niacina o la vitamina A, se dan superando los límites recomendados. Un exceso de ácido fólico podría -por ejemplo- ocultar un problema de carencia de vitamina B12. Y no se sabe a ciencia cierta el efecto que este exceso de ácido fólico puede tener en combinación con fármacos antiepilépticos. Un exceso de Niacina puede a su vez provocar daños hepáticos o del aparato digestivo. Un exceso de vitamina A puede provocar anomalías en el desarrollo del niño, perdida de la densidad osea (por desmineralización), trastornos hepáticos o del sistema nervioso.
Una quinta parte de las familias de EE.UU. inicia este tipo de dietas cuando sus hijos reciben el diagnóstico de TEA. Aunque cabe destacar el alto nivel de abandono por parte de estas familias en el seguimiento de este tipo de dietas. Según los datos presentados en el IMFAR, se estima que alrededor del 10 % de las familias que estuvieron sujetas a estudio, abandonaron las dietas antes de los doce meses.
Evaluación, diagnóstico y tratamiento de trastornos gastrointestinales en las personas con trastornos del espectro autista: Un informe consensuado
Se realizó una búsqueda de estudios y artículos previos en Medline, para su selección y posterior revisión. A pesar de todo, no existe en ninguno de ellos calidad suficiente como para dar una evidencia científica. Hemos extractado los puntos que consideramos de mayor relevancia, ya que es un estudio bastante largo, no obstante, pueden descargar el estudio completo (en inglés) al final de este artículo.
Existe cierta desavenencia en los datos relativos a la prevalencia de trastornos del aparato digestivo, ya que estos pueden variar entre el 9% y el 70%. Aunque los datos sobre prevalencia del Reino Unido, no muestran ninguna diferencia entre niños con o sin autismo, dando una cifra final del 9%. Se considera que la metodología usada no es la adecuada y se recomienda llevar a cabo un nuevo estudio de cohorte basado en una misma metodología.
No existe un trastorno gastrointestinal específico del autismo.
No se puede confirmar la permeabilidad intestinal, ni su relación con el autismo.
Los trastornos gastrointestinales afectan a la calidad de vida de las personas con TEA, y si estas no son verbales, su diagnóstico puede resultar mucho más complejo. A su vez, este malestar puede afectar a la conducta o el sueño, aspectos que pueden ser considerados como un síntoma. Igualmente, pueden darse conducta de autoagresión o comportamientos agresivos. Es por tanto importante, incluir en las terapias, un modelo de identificación de dolor y el área afectada, ya que puede ser muy útil a la hora de establecer un diagnóstico.
El uso de dietas pueden suponer una nutrición inadecuada. No existe evidencia que demuestre la eficacia de este tipo de dietas o si es sencillamente un efecto placebo. Además pueden generar ciertas carencias nutricionales asociadas a alteraciones de sueño, calidad osea, etc.
En adolescentes con autismo con edades comprendidas entre los 12 a los 19 años se observa una elevada prevalencia de sobrepeso de entre el 80% al 50% frente al 30,9% y 16,1% de la población general.
Los datos disponibles de la investigación no apoyan el uso de una dieta libre de caseína, una dieta libre de gluten, o una combinación libre de gluten, caseína (GFCF) como un tratamiento primario para las personas con trastornos del espectro del autismo.
Los pocos estudios realizados sobre el uso de dietas no arrojan datos fiables, el único estudio de doble ciego analizado sobre 15 niños tampoco presenta diferencias destacables, ni en la conducta ni en los niveles de péptidos en orina. Los cambios positivos fueron únicamente reportados por los padres, aunque tan solo 9 familias decidieron continuar con este tipo de dietas.
Se estima que entre el 25 al 65% de los niños presentan sensibilidad ante determinados alérgenos. Este porcentaje es idéntico en niños con autismo.
Determinadas alteraciones genéticas, pueden estar ligadas a desordenes gastrointestinales. Es por ello importante realizar un estudio genético para descartar esta relación.
Ciertamente muchas familias informan de que este tipo de dietas mejoran las conductas de sus hijos, pero a día de hoy no existe evidencia que pueda sustentar estas afirmaciones.
Aunque este estudio de revisión ha abarcado 82 estudios previos, se echa en falta la referencias al consumo de ácidos grasos y ácidos grasos esenciales.
Como conclusiones cabe decir que a día de hoy sigue sin existir ninguna evidencia sobre la eficacia de este tipo de dietas. Algunos autores informan que hay más probabilidades de que los casos en los que el inicio de la dieta aporta beneficios estén relacionados no con la dieta en sí, si no en la eliminación de alimentos de baja calidad. Es decir, el empleo de una dieta específica conlleva la eliminación de mucha comida basura o de baja calidad, a su vez, obliga a la familia a esforzarse mucho más en que el niño coma lo que se le ofrece y se refuerzan las conductas con terapia, las cuales resuelven los problemas de alimentación restrictiva que apuntábamos al inicio. Siendo por tanto, no la dieta en sí lo que produce este beneficio, si no el cambio en la conducta alimentaria.
Es importante apuntar que ciertamente existe una elevada prevalencia (a nivel general) en intolerancia a productos lácteos y muchos casos de celiaquía no diagnosticados. Como es evidente, por pura estadística, muchas personas con autismo podrán presentar este tipo de problemas, y lógicamente deberán eliminar los alimentos que contengan sustancias ante las cuales presentan alergia o intolerancia. Por ejemplo, según el articulo de Miguel Antonio Higuera, en Chile más del 40% de sus habitantes presenta la enfermedad celíaca tipo I o II o intolerancia a la lactosa (según sean indoeuropeos o de origen amerindio, la intolerancia se presenta entre un 20 y un 90% respectivamente).
Otro de los puntos que no se toca en estos estudios es el referido a las conductas de muchos niños a la hora de ir al baño. Este tipo de problemas, genera también estreñimientos y problemas relacionados con el momento de defecar. Este tipo de conductas, bastante habituales en niños con problemas sensoriales graves, también genera desordenes y un malestar general en el niño, que como es obvio, repercutirá negativamente en su conducta.
A la vista de toda la información revisada, incluso en los estudios más optimistas, no se puede afirmar que el uso de dietas de eliminación de gluten y caseína ofrezcan ningún tipo de ventaja, salvo en casos donde sí existan alergias o intolerancias. Se refuerza nuevamente la idea de que la intervención conductual y de integración sensorial en el niño, aporta mucho más valor y una mejora a mucho más largo plazo, al igual que el control de la alimentación del niño, para procurar que tenga una alimentación sana y equilibrada.