Si contemplamos entonces muchas de las caracteristicas emocionales de los niños con trastornos de lenguaje, como una respuesta para evitar mayores frustraciones, rechazando hacer lo que les cuesta, manifestando su desagrado por lo que no entienden, o reaccionando a la frustracion o la fatiga, es claro que no es posible manejar estos problemas de un modo directo o con enfoques “correctivos” rigidos.



Los niños obedecen a los principios de placer (hago aquello que me gusta o me divierte), de economia (hago lo mas facil y rapido) o de familiaridad y novedad (hago lo que conozco o me intereso por lo nuevo) por lo que es obvio que obtendremos mejores resultados, en lo referente a las emociones, si incorporamos aspectos como reglas de conducta o normas de comportamiento y actitudes, dentro de situaciones de juego y no solamente como limitaciones impuestas desde fuera.



Podemos utilizar un “principio de negociacion” tal como: los objetos que le gustan al niño se usan de la manera en que el adulto propone o, lo que es igual, lo que el adulto quiere hacer se realiza con lo que al niño le interesa. No existe la manera correcta definitiva para interactuar. Lo que es mejor es atenerse a principios de interaccion (Flexibilidad y Negociacion) para poder utilizar cualquier situacion o material como oportunidad para relacionarse y aprender.



Un elemento muy importante y dificil de manejar en la interaccion con niños con TGD se refiere a la motivacion, que se refiere al deseo de hacer algo.



Existe una motivacion interna, lo que cada niño quiere hacer, lo que le gusta o lo que le llama la atencion. Tambien existe una motivacion externa, lo que alguien hace que nos interese, lo que alguien nos propone. La interaccion social tiene mucho de este ultimo tipo de motivacion que se relaciona con interesarnos en otra cosa que se nos propone, en respetar reglas o hacer lo que se nos pide.



La mayoria de los niños pequeños presenta mayor motivacion interna, obedeciendo a sus impulsos e intereses. Los niños con TGD, en un principio, obedecen exclusivamente a sus propias motivacion y tienden a rechazar lo que se les ofrece o propone. Esto se vuelve muy frustrante para quienes les rodean, ante la imposibilidad de interactuar.



Sin embargo, si recordamos lo que se ha señalado hasta ahora, todo niño tendra algun interes, ya sea por un movimiento, un objeto, un alimento, aun en casos muy severos. Esa sera la fuente de motivacion que necesitamos para trabajar con el. Para obtener ese limitado objeto de interes, para poder realizar el movimiento de auto estimulacion, el niño debera al menos, pasar un corto lapso de tiempo realizando acciones solicitadas (instigadas o no), a pesar de su molestia. Al final de la accion, recibira lo que es de su agrado. Con el tiempo, presentara menos molestias y realizara lo que se le pide con menor esfuerzo.



La accion conjunta nos permite entonces, no solo que el niño desarrolle una comprension del mundo y de la interaccion con las personas, tambien posibilita el intercambio de emociones entre quienes participan. La riqueza afectiva de la interaccion es fundamental para el desarrollo de la convivencia con un niño con TGD.



Al interactuar con un objeto de interes, realizando los formatos y acciones ya descritas en el capitulo anterior, vamos acostumbrando al niño a nuestra cercania, nuestros cambios de movimiento y tono muscular, nuestra voz y nuestro rostro. Todos estos elementos son indicadores de nuestra emocion, por lo que al repetirse de manera relativamente sistematica, el niño va “entendiendo” que lo que hace provoca determinadas reacciones (de agrado o desagrado) en nosotros. Cada reaccion nuestra debe ir seguida de una accion de premio (abrazo, sonrisa, aplauso, etc.) o de control (contencion fisica, cese de actividad, retiro de material etc.). Esta relacion entre reacciones emocionales y conductas del adulto, permite al niño ir comprendiendo la dinamica de la interaccion y el resultado de sus propias acciones.



Como veremos en este capitulo, la utilizacion de tecnicas basicas de manejo emocional, permite disminuir los tiempos de frustracion, la excesiva reaccion inadecuada y la misma frustracion del adulto, al poder controlar de mejor manera el comportamiento del niño.



Reflexiones iniciales para el manejo de conductas disruptivas


Se llama disruptiva a toda conducta que rompe con la posibilidad de interaccion y aprendizaje. En un amplio rango que va de la inatencion absoluta al berrinche mas severo y agresivo, los niños con TGD manifiestan todo tipo de expresiones posibles que impiden relacionarse con ellos. Es importante recordar que niños sin TGD tambien tienden a utilizar estas conductas para manipular su entorno social. En ambos casos, el medio ambiente social juega un rol importante, tanto para el establecimiento de estas conductas, como para su eliminacion.



Un berrinche o pataleta es el ejemplo tipico de las conductas disruptivas que los padres padecemos con frecuencia, por parte de nuestros hijos. Situaciones como el vestirse, el retraso en la alimentacion, el no poder obtener un objeto, el apagar el televisor o la luz, el cerrar una puerta y muchas otras, pueden disparar reacciones desmedidas en las que el llanto, los gritos, el tirarse al suelo, botar objetos, morderse, golpearse contra las paredes o agredir al otro, son manifestaciones bastante frecuentes.



En el lenguaje comun, para la mayoria de las personas, un berrinche o una pataleta es simplemente la manifestacion de un niño o niña mañosos. El termino mañoso o mal criado deja la responsabilidad o, mas bien, la culpa del berrinche en el estilo de crianza de los padres. Como bien dice el refran, es facil ser general despues de la batalla. Quienes no conviven con un niño que llora por causas desconocidas o que su cerebro es incapaz de procesar el mundo y no puede manejar sus emociones, no saben lo dificil y a veces, imposible que es entender porque un niño hace pataletas. Tampoco saben lo dificil que es controlar tales manifestaciones y, por sobre todo, lo desgastante que puede ser convivir permanentemente con el llanto extremo, la pataleta o la agresion. No es raro entonces que muchas familias se rindan, esperando que una institucion o un especialista controlen los berrinches. La convivencia con una niño con TGD es un reto para valientes y para padres a la vez llenos de amor, compasion y tolerancia.



Debemos entonces entender y reflexionar acerca de estas conductas. En primer lugar, es necesario determinar y describir lo mejor posible los siguientes aspectos:



Como es la conducta disruptiva. Que hace el niño cuando se molesta. (A veces llora, vocaliza, dice frases, se tira al suelo, lanza golpes o patadas, mira al rostro).


La reaccion del entorno social frente a la pataleta (se asustan, lo retan, lo golpean, le dan en el gusto)


Los resultados de tal reaccion ( el niño se calma, continua con su reaccion por largo rato, sonrie).


Los elementos que rodean la conducta (que paso antes, durante y despues).


Las posibles motivaciones del niño (un objeto, un alimento, una persona, no hacer algo, salir de un lugar, ir hacia un lugar, sueño, hambre, fatiga).


Cuanto tiempo dura la conducta negativa (minutos, horas).


Una pataleta no es una conducta desmotivada ni aislada y tiene por tanto diversos componentes que podemos describir y agrupara para efectos de entender tales manifestaciones.



En primer lugar tenemos la reaccion emocional misma, expresando la molestia en el llanto, los gritos y las vocalizaciones o verbalizaciones (no, dejeme, auxilio, no quiere). En segundo lugar, se observan reacciones motoras extremas (saltos, tirarse al suelo, agitacion de brazos). En tercer lugar, puede aparecer agresion a personas (morder, arañar, patear, golpear), a si mismo (arañarse, golpearse, batir la cabeza contra el suelo o muralla) o al medio fisico (botar objetos, romper cosas). En cada berrinche o pataleta podemos encontrar estos tres niveles de manera diversa, aunque regular para cada niño.



Es importante que los padres observen y describan las manifestaciones de cada niño. De esta manera es posible determinar la gravedad de la manifestacion, ya sea por intensidad (mucha intensidad en todos los componentes o mucha agresion y gritos) o por su duracion en el tiempo.



Este primer nivel de analisis permite saber si estamos frente a una situacion critica o no. Tambien permite conocer que situaciones son mas conflictivas y asi prevenirlas. Un segundo nivel de analisis se refiere a que existen conductas que permiten la interaccion y posterior manejo, junto con otras que son totalmente desvinculantes del entorno.



Las conductas que permiten la interaccion son la busqueda de objetos o personas, el mirarse, vocalizar o hablar, el llorar suave y la posibilidad de seguir instrucciones durante el periodo de llanto. Estas pueden utilizarse a nuestro favor y permiten modular al niño.



Las conductas altamente desvinculantes son la agresion y la destruccion del medio, junto con las reacciones motoras extremas. Estas conductas es mejor extinguirlas o controlarlas para que el niño no se dañe, no cause daño a los demas ni sea visto como un problema severo para el entorno.



Luego de lo señalado, e importante considerar el enojo y el llanto desde otra perspectiva. Nuestra cultura tiene aversion por las emociones negativas, en la falsa creencia de que son destructivas para la persona. En realidad lo destructivo es el permanecer por mucho tiempo en tales emociones y realizar acciones negativas motivadas por tales reacciones emocionales.



Para cada uno de nosotros es casi imposible no presentar emociones negativas durante el dia, mas aun dentro de las agitadas vidas que nos impone el mundo actual. No todo lo que hacemos esta motivado por el disfrute, el amor o la compasion. Nos levantamos temprano sin muchas ganas, trabajamos a nuestro pesar y paganos cuentas que no queremos (entre muchas otras cosas). En varias ocasiones tomamos la decision de hacer cosas para evitar males mayores, sin importar si nos gusta o no hacer algo. En definitiva, no siempre funcionamos por una motivacion positiva.



Lo mismo sucede con los niños. No siempre tiene que gustarles o ser divertido lo que hacen. ¿Que tiene de divertido estar sentado en clases por horas, ordenar la pieza o comer sentado por veinte minutos?. La mayoria de las reglas de conducta, las responsabilidades y la adecuacion social no son divertidas al principio. Muchos niños terminan haciendolo para despues poder hacer lo que les gusta o para que dejen de exigirlos. La constante alabanza y premio social, junto con la posibilidad de interactuar, jugar o disfrutar de un tiempo libre, terminan por hacer que los pequeños realicen lo que se les pide con mucha menos molestia y hasta con cierto grado de disfrute.



Por otra parte, el llanto y el enojo son naturales y comprensibles al ser exigidos. En niveles moderados o funcionales (que a pesar del enojo o el llanto, el niño siga haciendo cosas de manera aceptable) no afectan al niño (no generan cortisol ni gran nivel de estres), por lo que no debieran ser eliminados. Hay que dejar un lugar para la expresion emocional de los niños, un cierto “derecho a pataleo”, sano y aceptable.



Si lo pensamos detenidamente, que pasa cuando se nos dice ¿por que te enojaste? o deja de llorar: lo mas probable es que lloremos o nos enojemos mas aun. Lo mismo sucede con los niños.



Recuerde, si el llanto o el enojo no son muy disruptivos, no se enganche con ellos. Siga actuando de manera tranquila, entregando objetos o solicitando acciones simples y hablandole al niño, no a su molestia o berrinche. El llanto es, hasta cierto punto, sano, en el sentido de que permite el desahogo y enfriamiento del niño. El berrinche en cambio, es una conducta de huida o ataque, con altos niveles de cortisol, que a la larga, resultan dañinos para el cerebro. Por esta razon, en un primer manejo, debemos aguantar una cierta cantidad de llanto, que a la larga calma al niño y le permite modularse. Lo que intentaremos controlar en mayor medida sera la pataleta y sus consecuencias nocivas, tanto para el niño, como para el entorno.



Por ultimo, es fundamental reflexionar acerca de las posibles causas de las reacciones inadecuadas en un niño con TGD. El espectro es amplio y variado para cada caso. Sin embargo, podemos agrupar tambien las causas, para poder elegir los procedimientos de manejo de forma mas adecuada.



El primer grupo de causa se refiere a estados fisiologicos naturales tales como el hambre, la sed, el sueño y el cansancio o fatiga. Tambien podemos incluir estados de desagrado corporal tales como enfermedad, alergia, calor, frio, ropas molestas, pañales humedos, etc. En estos casos, junto con realizar procedimientos que favorezcan la modulacion afectiva, el solucionar el problema fisiologico rapidamente disminuye la molestia y las reacciones inadecuadas. La mayoria de las familias reconoce estas causas y sabe como solucionarlas. No obstante esto, es adecuado utilizar algunos procedimientos que describiremos, para enseñar a nuestros hijos a esperar (por la comida, bebida o salir), a interesarse por otra cosa mientras se soluciona el problema o a manifestar su descontento de manera socialmente aceptable (por ejemplo, con un llanto suave y abrazarse a la mama, sin golpear o gritar).



En un segundo grupo encontramos el deseo por algo, un objeto, un lugar, un alimento, una accion o una persona, entre otras. Si no existe problema en que el niño obtenga lo que desea, es importante enseñarle a esperar y pedir de manera adecuada lo que quiere (señalar, vocalizar, nombrar). Describiremos acciones para el caso de que no se pueda entregar lo que quiere (vamos de viaje, no se le va a comprar) o no se deba (alimentos prohibidos, objetos que le dan alergia).



Un tercer grupo de causas se relaciona con la molestia por situaciones indeseables para los niños. Aqui se encuentran desde las fobias a las molestias. Para el caso de que el niño tenga un temor extremo frente a algo (ruido, television, objeto) es conveniente anticiparse y evitar la exposicion a tales situaciones. Luego se puede intentar con procedimientos de desensibilizacion, que describiremos mas adelante. Tambien, en este grupo, encontramos las molestias frente al trabajo, la exigencia social o el cambio de rutinas.



En un cuarto y ultimo grupo, podemos considerar los desagrados frente a la comida, el aseo o el dormir. Hemos considerado estas condiciones aparte, por razon de su frecuencia, la alteracion de la rutina cotidiana, los mitos al respecto y la necesidad de conocer algunos aspectos fisiologicos particulares para entender tales problemas. Trataremos estas causas y sus posibles manejos en un capitulo aparte.